De raíces tu cabello

En silencio, como gritos de piedra,
nutriéndose cuando levanta el alba
tus cabellos crecen enmarañados,
proyectados de tu cabeza
al igual que las ideas ven la luz
deslizándose cual tobogán
por tu lengua iluminada
hasta la cara de quién quiera oírlas.
Cuando cae el crepúsculo,
recortando púrpura tu silueta
en los arreboles de marzo.
Como cascadas castañas que ahogan
mi respiración cuando te agitas sobre mi.
Créeme cuando te digo…
Que tus pechos son dos frutos maduros
que cualquier árbol quisiera en sus ramas.
Dorados como el bello oro precolombino,
que brilla como el reflejo de la
luna en un charco de sangre,
lejos del brillo en los ojos codiciosos
del conquistador maldito.
Pechos dulces como pies de cachorro
en sus primeros pasos sobre el pasto húmedo.
Inundando de fragancia pretérita mi garganta
Sedienta de ti a manos llenas.
Hasta aquella noche de preciosa fatalidad,
Cuando tu piel se hizo azul madera,
creciendo mientras dormías
como hielo cordillerano
como piñón de araucaria
como junco en la cintura de un arrollo.
Créeme cuando te digo…
Que aún mis dedos tiemblan
Al tocar tus muslos y besar
Tu escondido secreto marino.
Trepando aquel árbol tuyo
junto a ti y tu cabellera enmarañada.
En una rama estoy dispuesto a morir,
mordiendo los frutos de la vida justo antes
que seamos talados y sacados de raíz
como la memoria de nuestros bocas,
al besarnos por la eternidad en el bosque
que tu soñaste ayer como si fuera hoy ahora.
Créeme cuando te digo…
Que la muerte a leído mis ojos cien veces
Sin escupirme a la cara.
Aún no es tiempo para la muerte
que a veces corre por mi cuello
riendo y quebrando huesos ajenos.
Siempre necesito de tu madera azul
Para crear un fuego de llama universal,
Que ilumine y haga brillar las estrellas
Que cuelgan de mis párpados
cielo oscuro de sombra.
Que un zorzal rompa mi pecho
en gajos de naranja petrificada
por donde tu saldrás como un brote,
como un tronco, finalmente como
un hermoso árbol, el más hermoso
que ni el estúpido dios ha creado.
Créeme cuando te digo…
Que tú y yo en las ramas del níspero
que soñaste y donde nos acuchillamos
el amor con nuestras sinceras miradas frutales,
que nunca se ensuciarán, ni tocarán la tierra
porque de la tierra misma están hechas.Gio (-_-).*






