martes, 5 de mayo de 2009

La nube que lleva tu nombre

Tu nombre es el fondo en mi palma empuñada. Nombre de una mano contra otra como camisas al viento, frotándose de aire limpio y fresco.

Lejos están esos día tristes, donde el sol era una anécdota en el bolsillo roto, un chicle en el zapato del transitar sin ganas.

Esplendorosa tu sonrisa que ilumina nuestro andar furioso de alegría carente. Carente de engaños, de bocas torcidas, de excusas baratas, de deudas impagas, de ojales descocidos en las ropas del tu y yo día a día.

Lejos ya esos días tristes, donde trataba de construir castillos de naipes en plena tormenta. Y que ahora agradezco al perder ese maso de cartas rotas en el olvido.

Por el contrario, ahora vuelo sobre la nube de tus cabellos disfrutando del caminar, sintiendo tu cadera en mis dedos, al dar un paso en el peldaño de las estrellas en pleno pavimento vítreo. Cometa que nos guía en el camino que queremos, camino hermoso, terriblemente hermoso y gigante, como los amplios pastos de tus facultades.

Cada vez más cerca de aquella felicidad de enseñanza cósmica, que aspira a restituir dentro de mi la capacidad de vivir consciente e inteligentemente.

Feliz de sentir la deliciosa mezcla que fragua los ladrillos de tus dientes y me edifican al susurrarme al oído tanta ternura.

Mil condimentos sazonan el alimento diario de tu alegría infinita en mis brazos, como si fueran cacerolas en cocción de fuego lento, y de la cual despide ese aroma enriqueciendo las atmósferas de nuestro imperio de sábanas naranjas.

Aquel aire que transporta tu moreno perfume y me lleva como en distracción, como si fuese un sueño, un sueño donde hay que llevar nuestras propias sillas para sentarnos y mirarnos los labios.


Amor de perfume pregnánte, profundo, un poco como el perejil, pero apenas un pedacito, un pedacito sobre la piel canela de tu espalda.


Otro olor, un olor más instintivo e intenso. No es como se huele a un hermano, a un amigo.

No, aquí empiezas a oler a ti misma, a miel de ulmo en los parpados, que enfundan el prisma de cristal que me encandila por las mañanas, esas mañanas de café y tostadas al despertar. Hueles a miles de besos guardados en un frasco de nutella.

Hueles a algas, a algas frescas, arrancadas en el último vaivén del mar antes de encallar sobre nuestras pisadas de paseo costero.

Un olor a mar que se mezcla con cadencia haciéndolo más denso, más dulce, y en donde me haces apelar a la perversidad, pero a una perversidad dulce e infinita…casi como lujuria de mirar tu pelo desparramado en mi almohada.


Sintiendo como tu mano, sin que te lo pida, comienza a apartar despacio mis muslos, comenzando a desgajarme como el fruto que tanto deseas con alientos cítricos que inundan mis miedos.


Donde tendiéndote de costado te respiro interminablemente. Tratando de cercar tus labios donde todo es sabor, todo es mordedura exquisita.


Y mi lengua tratando de acariciar esa pequeña y húmeda llama rosa rodeada de sombra que me embriaga, como la flor de la magnolia.

Dibujándonos iniciales y finales en nuestros aparatos indescriptibles del amor y el fuego del alma.

Consumiéndonos de infiernos, devorándonos como fieras abyectas y cegadas por el alma propia del otro, en el tesoro viscoso del alivio cotidiano.

Hasta que saltan los genes y las constelaciones agradecidas de cada día contigo, de cada paso junto a ti, de cada gesto en tu alegoría verdadera y sincera que me enseñas.

Lecciones de mujer, de amiga, de amante. Sólo tu sabes de lo que hablo cuando el cansancio nos vence al atardecer ,y nos dormimos sobre la nube de nuestros sueños.

Gio (-_-).*

1 comentarios:

A las 8 de mayo de 2009 a las 2:55 , Blogger Clau. ha dicho...

Te amo.

 

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