domingo, 29 de enero de 2012

De raíces tu cabello


En silencio, como gritos de piedra,

nutriéndose cuando levanta el alba

tus cabellos crecen enmarañados,

proyectados de tu cabeza

al igual que las ideas ven la luz

deslizándose cual tobogán

por tu lengua iluminada

hasta la cara de quién quiera oírlas.


Cuando cae el crepúsculo,

recortando púrpura tu silueta

en los arreboles de marzo.

Como cascadas castañas que ahogan

mi respiración cuando te agitas sobre mi.


Créeme cuando te digo…


Que tus pechos son dos frutos maduros

que cualquier árbol quisiera en sus ramas.

Dorados como el bello oro precolombino,

que brilla como el reflejo de la

luna en un charco de sangre,

lejos del brillo en los ojos codiciosos

del conquistador maldito.



Pechos dulces como pies de cachorro

en sus primeros pasos sobre el pasto húmedo.

Inundando de fragancia pretérita mi garganta

Sedienta de ti a manos llenas.



Hasta aquella noche de preciosa fatalidad,

Cuando tu piel se hizo azul madera,

creciendo mientras dormías

como hielo cordillerano

como piñón de araucaria

como junco en la cintura de un arrollo.



Créeme cuando te digo…


Que aún mis dedos tiemblan

Al tocar tus muslos y besar

Tu escondido secreto marino.



Trepando aquel árbol tuyo

junto a ti y tu cabellera enmarañada.

En una rama estoy dispuesto a morir,

mordiendo los frutos de la vida justo antes

que seamos talados y sacados de raíz

como la memoria de nuestros bocas,

al besarnos por la eternidad en el bosque

que tu soñaste ayer como si fuera hoy ahora.



Créeme cuando te digo…


Que la muerte a leído mis ojos cien veces

Sin escupirme a la cara.

Aún no es tiempo para la muerte

que a veces corre por mi cuello

riendo y quebrando huesos ajenos.



Siempre necesito de tu madera azul

Para crear un fuego de llama universal,

Que ilumine y haga brillar las estrellas

Que cuelgan de mis párpados

cielo oscuro de sombra.



Que un zorzal rompa mi pecho

en gajos de naranja petrificada

por donde tu saldrás como un brote,

como un tronco, finalmente como

un hermoso árbol, el más hermoso

que ni el estúpido dios ha creado.



Créeme cuando te digo…


Que tú y yo en las ramas del níspero

que soñaste y donde nos acuchillamos

el amor con nuestras sinceras miradas frutales,

que nunca se ensuciarán, ni tocarán la tierra

porque de la tierra misma están hechas.


Gio (-_-).*

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